La muerte verde

“Literatura de aquí”

 

Pseudorelatos de un Tucumán en flor. Por David Emmanuel (Pedraza)

 

El concierto de los coyuyos entró por la ventana en la última siesta de Don Manuel. Tranquilamente dio el último riego al Edén miniatura en su ventana, y sus cactus lo recibieron con regocijo sin saber que era una despedida.
Allá afuera todo transcurría con rapidez, ya era primavera del dos mil no se cuanto, la rotación del mundo no sabia de frenos y mucho menos su traslación y más allá de nuestras órbitas satélites exploradores viajaban cada vez con mayor velocidad, como la voyager, similar a una botella en el mar galáctico, se alejaba a unos 14,8 km/s. Nuestro futuro finado se dejó vencer en la cama convencido de que la muerte, ardua viajera, pronto entraría por la ventana.
Los días suelen ser un goteo constante en los almanaques. El tiempo (bien sabemos) un río implacable, el Edén se extiende por sobre nuestras ventanas, yendo a lo alto para acariciar mejor al sol.
Los coyuyos callaron y el silencio comenzó a hacer ruido a parientes más cercanos. Una habitación a oscuras los recibió con cactus celosos que no dejaban pasar ni un rayo de sol. Al descubrirlos con cuidado, la luz descubrió para los espectadores la sorpresa.
Sobre la cama no yacía un cuerpo humano, aunque similar a su forma encontraron un jardin creciendo sobre la cama, un jardin en flor, lo que siempre fue Don Manuel.

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