Según las escuelas religiosas, hay detalles que se deben observar y/o evitar cuando uno emprende una acción en función de un objetivo. Esas advertencias indican por ejemplo, que un entusiasmo desmedido te conduce por malos pasos cuando pierdes la brújula por lo impulsivo de las decisiones.
El otro ítem que debe esquivarse es el arrebato temerario, porque pone en riesgo todo un pasado y su respectiva trayectoria. Por el contrario, resulta virtuoso y eficaz una determinación prudente que se corresponda con la obediencia y la disciplina. A como diera lugar el resultado de una conducta, el o los protagonistas de uno u otro comportamiento, gozarán de las mieles del beneficio o padecerán la angustia de una mala decisión. Y será que de eso también se trata la política?
Porque situados en el derrotero histórico más cercano, de los hechos que fueron marcando los distintos escenarios institucionales en nuestra provincia, emergen claramente aquellas consecuencias irrefutables, debido a los distintos comportamientos en cuanto a las pertenencias de los grupos. Y así, nos encontramos con una trayectoria que da certeza y otras que muestran tramos brumosos o grises variopintos. Resultados que interpretados al derecho y al revés, por un lado consolidan lealtades o en el peor de los casos, apresuran definiciones para diluir esos peligrosos e inmaduros comportamientos pendulares con juegos de vaivenes. Y si de algo sirve todo este correlato, es para premiar con reconocimiento oficial a uno y para castigar al exilio a otro. Análisis que medido en términos de estructura operativa, concluye que mientras el primero consolida su liderazgo y la lealtad de sus seguidores, al resto lo hiere la división, se resquebraja y se abate débilmente a los pies de un fracaso que se veía venir. Dicho en español básico, aquí lo que pasó es que uno se coron de honor legal y oficial, a la vez que el otro carga todo el horror provocado por el arrebato un mal paso.-



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