Francisco impartió la bendición pascual desde el altar de la Basílica de San Pedro
El Santo Padre advirtió que “¡Todavía hay demasiadas guerras y demasiada violencia en el mundo!” por lo que rezó para “que el Señor, que es nuestra paz, nos ayude a vencer la mentalidad de la guerra, así como también que inspire a los líderes de todo el mundo para que se frene la carrera armamentista”.
En ese sentido, Francisco aseveró que, “Al abrazar la Cruz, Jesús ha dado sentido a nuestros sufrimientos y asumió́ nuestra debilidad, nuestras dolencias, sufrió́ nuestros dolores y llevó el peso de nuestras iniquidades”.
Luego relacionó que, “Jesús resucitado lleva las llagas impresas en sus manos, en sus pies y en su costado. Estas heridas son el sello perpetuo de su amor por nosotros. Todo el que sufre una dura prueba, en el cuerpo y en el espíritu, puede encontrar refugio en estas llagas y recibir a través de ellas, la Gracia de la Esperanza que no defrauda”.
Al vincular aquél tiempo con nuestros días, el Papa analizó que, “Cristo Resucitado es Esperanza para todos los que aún sufren a causa de la pandemia, para los enfermos y para los que perdieron a un ser querido. Que el Señor dé consuelo y sostenga las fatigas de los médicos y enfermeros. En el espíritu de la producción de las vacunas, insto a toda la comunidad internacional a un compromiso común, para superar los retrasos en su distribución y para promover su reparto, especialmente en los países más pobres”.
“El Crucificado Resucitado es consuelo para quienes han perdido el trabajo o atraviesan serias dificultades económicas y carecen de una protección social adecuada. Que el Señor inspire la acción de las autoridades públicas para que todos, especialmente las familias más necesitadas, reciban la ayuda imprescindible para un sustento adecuado. Desgraciadamente, la pandemia ha aumentado dramáticamente el número de pobres y la desesperación de miles de personas” describió Francisco.
“Jesús resucitado es esperanza también para tantos jóvenes que se han visto obligados a pasar largas temporadas sin asistir a la escuela o a la universidad, y sin poder compartir el tiempo con los amigos. Todos necesitamos experimentar relaciones humanas reales y no sólo virtuales, especialmente en la edad en que se forman el carácter y la personalidad. Lo hemos escuchado el viernes pasado en el Vía Crucis de los niños. Me siento cercano a los jóvenes de todo el mundo”, a quienes recordó que “el odio solo puede disiparse con el amor”.
“Que la luz del Señor resucitado sea fuente de renacimiento para los emigrantes que huyen, pues en sus rostros reconocemos el rostro desfigurado y sufriente del Señor, que camina hacia el Calvario. Que a sus países no les falten signos concretos de solidaridad y fraternidad humana y que recuperen la vocación para ser una tierra de encuentro, convivencia y pluralismo” rogó el Papa.
Entonces hizo la plegaria, “Que Cristo, que es Nuestra Paz, ponga en marcha la reconstrucción de los países devastados por las guerras. La Resurrección nos remite naturalmente a Jerusalén; imploremos al Señor que israelíes y palestinos vuelvan a encontrar la fuerza del diálogo para alcanzar una solución estable, que permita la convivencia de dos Estados en paz y prosperidad”.
“En medio de las numerosas dificultades que atravesamos, no olvidemos nunca que somos curados por las llagas de Cristo” y remató su mensaje pascual celebrando, “Queridos hermanos y hermanas: ¡Feliz Pascua! ¡Feliz, Santa y Serena Pascua para todos! Aleluya”.


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