Felipe Sosa, ex miembro del Ejército Argentino y de la Legión Extranjera Francesa, está acusado del femicidio de la joven de 25 años. La investigación revela un sórdido mundo de fiestas electrónicas, drogas y personajes de alto poder adquisitivo. La causa recién comienza y no descartan más detenciones.
La detención de Felipe “El Militar” Sosa (51) en Pilar, Buenos Aires, marcó un punto de inflexión, pero no el final, en la investigación por el asesinato de Érika Antonella Álvarez (25), cuyo cuerpo fue hallado el 8 de enero en un descampado de Manantial Sur, San Miguel de Tucumán. Lejos de cerrarse, el caso se expande hacia un entorno de lujo, adicciones y tráfico de drogas que involucra a profesionales y figuras de la noche tucumana.
Bajo la dirección de la fiscala María del Carmen Reuter y ahora del fiscal Carlos Picón, la pesquisa expuso la vulnerabilidad de la víctima, una estudiante de Enfermería con “severos problemas de adicción”, y la hipocresía de un círculo social donde la música electrónica y los estupefacientes eran la moneda común.
La Víctima y el Hallazgo Macabro
Todo comenzó con dos llamadas al 911. En un terreno baldío de William Bliss y Gerónimo Helguera, una bolsa negra ocultaba un cuerpo que llevaba entre 36 y 48 horas allí. La familia de Érika, alarmada por su desaparición, la identificó en el lugar.
La autopsia preliminar fue elocuente: muerte por golpes. Todas las lesiones se concentraban en el lado derecho de su cuerpo y presentaba la mandíbula dislocada. Los investigadores analizan si las heridas son producto de tortura. Quien abandonó el cuerpo lo hizo con premeditación: eligió un lugar remoto, sin testigos ni cámaras de seguridad.
La Pista del Entorno y el Apodo Clave
Sin su teléfono celular, nunca recuperado, la investigación se centró en el entorno de la joven. Su representante legal, Carlos Garmendia, aclaró un punto crucial: “No ejercía la prostitución. Sí tenía sexo con hombres a cambio de sustancias o de dinero para comprarlas”.
Las declaraciones de su círculo íntimo pintaron un panorama oscuro: un grupo “pesado” integrado por profesionales, personas de alto poder adquisitivo y habitués de la noche, reunidos en fiestas donde la droga era el denominador común. En esos testimonios surgió, una y otra vez, un apodo: “El Militar”.
Era descrito como un empresario de Yerba Buena, posiblemente vinculado al narcotráfico. La pista era crucial: el último mensaje de Érika a su hermana, el martes 6 de enero, fue enviado desde esa ciudad.
¿Quién es Felipe “El Militar” Sosa?
El apodo no es casual. Su hoja de vida está teñida de entrenamiento bélico y conflictos internacionales:
· 1998: Se gradúa del Colegio Militar de la Nación.
· 2001: Sirve como observador de la ONU en Kuwait e Irak.
· 2004: Se incorpora a la Legión Extranjera Francesa, formándose como comando y enfermero. Participa en misiones en Guayana Francesa, Gabón y Costa de Marfil, combatiendo el tráfico de oro y realizando rescates en selvas.
· 2008: Abandona la milicia y regresa a Tucumán para dedicarse a la seguridad privada, fundando su propia empresa, “Seguridad Objetiva”.
Su nombre ya había sonado en los medios. En junio de 2023, la Policía halló 36 plantas de marihuana en su casa. Aunque alegó autocultivo medicinal, el hecho coincidió con denuncias por violencia de género de su exesposa. En declaraciones, Sosa afirmó que su mayor dolor era haber perdido el contacto con sus hijas.
La Huida y la Captura en Pilar
Los allanamientos ordenados por la fiscala Reuter, unos 30 en el Gran San Miguel, fueron estrechando el cerco. Las pruebas comenzaron a apuntar a Sosa. Alertado, el sospechoso huyó de la provincia el martes rumbo a Buenos Aires.
Intentó borrar sus huellas viajando en una lujosa moto KTM 1290 S, valuada en $50 millones. Una comisión de 25 efectivos, con apoyo de la Policía Bonaerense y la Federal, logró su captura en Pilar. Circulaba con ropa y su pasaporte, por lo que se investiga si planeaba escapar del país.
Las Grandes Incógnitas que Persisten
La extradición a Tucumán ya está en marcha, pero el caso está lejos de resuelto. Las preguntas clave siguen abiertas:
1. ¿Actuó solo? Los investigadores no descartan cómplices, especialmente para la logística de traslado y abandono del cuerpo.
2. ¿Cuál fue el móvil? Se manejan tres hipótesis principales:
· Un exceso de consumo de drogas durante una fiesta en Yerba Buena.
· Que Érika supiera demasiado sobre una red de venta de drogas en círculos de poder y fuera silenciada.
· Que la joven formara parte de una organización de narcotráfico y cometiera un error o una traición.
3. ¿Hay una red detrás? Si surgieran pruebas sólidas de tráfico de drogas, la causa debería derivarse a la justicia federal, abriendo un expediente paralelo que podría implicar a más personas.
El asesinato de Érika Antonella Álvarez ha destapado una cloaca de apariencias, poder y vicio en Tucumán. La figura de “El Militar”, un hombre entrenado para la guerra y la supervivencia, ahora acusado de un brutal femicidio, es solo la pieza más visible de un rompecabezas que la Justicia recién empieza a armar.
Fuente: La Gaceta






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