El mate es el símbolo de diálogo y encuentro. Es la excusa perfecta para escuchar y reconciliarse
En el Día Internacional del Mate, hay que reconocer que, más allá de los beneficios que pueda tener su infusión, el mate es una compañía incondicional.
Para los que estudian, pasean o trabajan, es sinónimo de inspiración y para alargar las ruedas de amigos.
Hay quien anda con la radio y el termo bajo el brazo.
Su Día, es una hermosa oportunidad para revalidar aquella costumbre de nuestros ancestros, como: recordar a la abuela poniendo la pava sobre el bracero y preparando una tortilla al rescoldo, para recrear cálidos encuentros de invierno y las tertulias familiares -incluso vecinales-, donde el porongo de calabaza hacía largas rondas.
El Mate aparece, acompañando momentos en los que se reciben visitas, se espera las comidas, transita momentos de angustia, riega mejillas lagrimosas, es apurado en ruedas grandes y es acariciado por manos que lo aprecian, como ese objeto valiosísimo de cada rutina diaria. Muchas veces está aromatizando y aportando calidez en todos los ambientes.
Otras veces, provoca comentarios como:
-“Para qué movés la bombilla? Si no es palanca de cambios!”
-“Echále yerba, que está lavao”
-“Calentá la pava”
-“Era para una fotocopia, no para estudiarlo de memoria”.
El Mate siempre es un buen pretexto para deleitarse en una reunión improvisada.
Pero siempre, el compartir el mate significa una práctica eficaz, para distender una charla para hacerla más animada.
Extender el mate con el brazo, es un excelente gesto de: reconciliación, apertura, bienvenida, gratitud por la compañía. Tambien es oportunidad de: reflexión en soledad, planificar la jornada, evaluar lo hecho en el día, o para buscar la forma de reconciliarse con nuestros seres queridos.
Siempre, al ofrecer un mate expresamos un sinfín de emociones, afectos y necesidades.
Algunos lo emplean para romper el hielo. Otros la muerden y no faltan los que la chupan a la bombilla.
Dadas las innumerables formas de cebarlo, explica su esencia democrática, mostrando una diversidad de gustos en su preparado.
Algunos cebadores que se lucen con el sabor de sus mates, insisten en usar el mate de calabaza o de palo santo. Por la montaña visten su sabor con: peperina, rica-rica, baila-baila, arca-yuyo, menta, cedrón, vira-vira, poleo y hasta muña-muña, entre otras hierbas saborizantes.
Otros definen que el secreto es, cuidar que no hierva el agua y que el mate no sea cubierto por más de los 3 cuartos de su contenido con yerba, incluidos: los yuyitos y el azúcar que se le agrega.
Después hay que cuidar de cambiarle toda la yerba, cuando desaparezca la espuma y el sabor. Porque la única forma en la que ‘El Mate’ tendrá larga vida, es ‘evitar cebarlo lavado’ y que cada vez que se lo tome o sirva, luzca tentador, espumoso y sabroso.

