Apenas asomaron los primeros resplandores de luz por El Cochuchal, Nuestra Ciudad bostezaba y se desperezaba para dar su bienvenida a un nuevo Septiembre
Entonces los mayores ponían la pava para disfrutar sus clásicos comentarios y recuerdos de sus vibrantes años mozos. Porque bueno, ellos también palpitaron en su juventud la llegada de una promisoria primavera.
La cruz del campanario dividía en cuatro al aerosol ámbar que soplaba el sol desde el Este.
Mientras tanto, las principales vías de comunicación empezaron a nutrirse de un diverso tránsito vehicular, entre lo cual, se divisaron los camiones recolectores de residuos y las camionetas con operarios que arreglan cañerías por El Corte o el Barrio Jerusalén, junto a las motos que desmontan y desmalezan por los barrios: Piloto, Cáritas y por todos los rincones de nuestra patria chica.
Aquí, en Plaza 24 de Septiembre, el sol pintaba hermosos arcoíris, entre el verdor de las renacientes hojas verdes, flores rojas, anaranjadas, amarillas, rosadas y blanquecinos copos de algodón en las copas de los Palo Borracho.
Es que… Sí, la naturaleza comenzó a dar señales del arribo de Una Nueva Primavera.
Será por eso que también una encantadora diversidad de pajaritos ‘dronneaba’ por entre el follaje, ya de un pino, un jacarandá, un naranjo, las tipas, una palmera o una tipa.
Por allí, un pájaro carpintero golpeaba el tronco de un tarco, marcando con su percusión el ritmo de los trancos a los primeros vecinos que acudían al paseo para realizar su rutina física de cada día.
Obviamente, ningún agente de la PLA que patrulla el paseo pudo impedir, ni evitar tanta insurrección natural.
En medio de ellos se escabullían los operarios encargados de baldear, barrer y de cuidar de un adecuado mantenimiento de la plaza principal.
Desde el centro de la plaza, podía divisarse esas palomitas blancas que acudían a la Escuela Fray Manuel Pérez a tomar clases presenciales y por allá por el edificio municipal podía verse un camión de alumbrado público que salía hacia el Barrio Güemes para instalarle más de 70 artefactos de LED.
De pronto ya iba perdiéndose el encantador canturreo de naranjeros, chalchaleros, chingolitas, gorriones, quetupíes, charrasquitas, palomas, zorzales, machilos y hasta el picoteo del pájaro carpintero, dado que se impusieron los golpes de obreros que alzaban al cielo las estructuras de los bonitos juegos infantiles que tendrá Nuestra Plaza. Entonces la magia y el encanto del concurrido paseo se revolucionó porque las chicas de zumba empezaron a acelerar el ritmo a una simpática ciudad pueblerina del Este Tucumano.


